Brillo y cooperación

Érase una vez un conjunto armonioso de ingredientes que componían un menú delicioso, sano y equilibrado. Cada uno de ellos, tenía sus características: el huevo era suave y delicado, el ajo aportaba un ligero tono picante, la patata una textura que se deshacía en la boca y así, cada uno de los ingredientes aportaba su valor al menú. Entre ellos había verdadera cooperación, se realzaban los unos a los otros y valoraban cada una de sus únicas y genuinas aportaciones. Nadie era considerado superior, y tampoco nadie se sentía inferior al resto de compañeros de menú. El amor reinaba entre ellos cuando se mezclaban con regocijo en la elaboración de cada uno de los excepcionales platos que componían este menú tan sabroso. Los jueces de Masterchef, destinatarios de estas delicias, gozaban de una salud increíble: su sistema inmunitario era una máquina, sus hormonas funcionaban como un reloj y en su mente solo había pensamientos de felicidad y agradecimiento por este regalo diario.

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Habitualmente, este ritmo se desarrollaba de forma natural, hasta que un día, unas fuerzas desconocidas llegaron para trastocar la armonía de cada una de las elaboraciones. De repente, unos alimentos empezaron a ser más considerados que otros por algo que llamaron su valor económico. Otros empezaron a ser conservados en frío porque tenían una caducidad inferior, mientras que algunos empezaron a destacar por su alto contenido en vitaminas y nutrientes.

Este nuevo orden de cosas, pronto afectó a la relación que existía entre los ingredientes. El huevo fue rápidamente acusado por la sal por su capacidad de subir el colesterol, mientras esta empezó a ser criticada por subir la tensión al ser ingerida. La armonía que tenían todos y cada uno de estos ingredientes, pronto desapareció y el amor que sentían los unos por los otros, dejó paso a la envidia, el egoísmo y el odio.

Las patatas declararon la guerra a las cebollas y uno a uno, todos los ingredientes empezaron a dirigirse al “tribunal del menú” para interponer demandas y contrademandas a alguno de sus otrora queridos compañeros… Los contenciosos pasaban después al tribunal superior de justicia “menuística” y aquello era un no parar de juicios y rejuicios. Los efectos de los conflictos entre los ingredientes no se hicieron esperar en los jueces de Masterchef: Pepe empezó a sufrir hipercolesterolemia, Samantha tuvo que tomar probióticos para mejorar su flora intestinal y Jordi, el más perjudicado, se sintió presa de la ansiedad y la depresión.

Ante la amenaza de que el menú que componían fuera rechazado por los jueces, y estos estuvieran a punto de dirigirse al equipo de Xevi Verdaguer para que diseñara otro a medida de sus nuevas necesidades… los ingredientes no tuvieron más remedio que reunirse y tomar cartas en el asunto.

La cosa empezó mal, durante horas estuvieron recriminándose los unos a los otros con reproches y agravios, pero finalmente, ante la amenaza que se ceñía sobre sus cabezas, decidieron bajar el tono y empezar a hacer lo que siempre habían hecho: cooperar. Los gritos se tornaron en palabras de respeto, el rechazo en escucha y la envidia en admiración. Unos a otros empezaron otra vez a valorarse, a destacar sus excepcionales cualidades, a analizar nuevas formas de combinarse para que cada uno brillara, para que se potenciaran mutuamente sus sabores y para que el resultado final fuese un menú aún mejor que el que componían anteriormente. Se dieron cuenta de que habían necesitado esa crisis para valorar lo que tenían juntos y salir reforzados ofreciendo al mundo una armonía aún más singular.

Con esta lección aprendida, siguieron siempre unidos bajo el lema “brillando todos, potenciando a todos, por un bien común cada vez mejor”, y colorín colorado, este cuento se habrá acabado, cuando tú también estés brillando… potenciando… por un bien común cada vez mejor… allá donde sea que te encuentres como ingrediente… 😉

Te dejo a continuación un enlace con información sobre el próximo taller: VIVIR EN PAREJA – para todos aquellos que quieran transformar su relación de pareja en una plataforma de lanzamiento personal y profesional para sus miembros -, el PSDP: Programa semestral de desarrollo personal que empieza en junio y el calendario completo  ¡Nos vemos!

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